ANTÍTESIS
¿Quién soy? Pues la verdad no sé. Puede que sea una combinación de todo lo que he pensado, lo que me ha pasado, lo que he dicho y hecho. Podría ser una mezcla de todas las versiones de mí. O de todas las formas en las que los demás me perciben. Podría ser mi personalidad, mi físico o mí manera de ver el mundo. La cosa es que la identidad propia es difícil de comprender. Es como ver una figura tridimensional con unos ojos que fueron diseñados para ver sólo dos dimensiones. Es imposible dar una descripción de quién soy sin ignorar una dimensión de mí.
Puedo enumerar una serie de características y atributos que poseo en un intento de resolver esta pregunta. Me llamo Andrea ¿Quién soy? Tengo catorce años ¿Quién soy? Vivo en Bogotá ¿Quién soy? Me gusta el té en el desayuno, el sonido de lluvia en la ventana, la voz del viento, la oscuridad de la noche, pero también la luz del día. Me gustan los colores cálidos y claros. ¿Quién soy? Tengo el pelo liso. Ojos cafés. Ojeras moradas, que no tienen la intención de irse ¿Quién soy? Tengo un anillo en el dedo del corazón. Tengo un lunar por encima de mi labio, y Brackets en los dientes superiores ¿Quién soy? Tengo que usar lentes de contacto con un aumento de 8.0, porque mis ojos no están equipados con la visión 20/20 que se considera ideal.
Pero ¿Quién soy? ¿Qué es lo que me diferencia de las otras personas con ojos cafés, anillos y terrible visión? En mi intento de enumerar características que poseo me persigue la pregunta ¿Quién es Andrea Mesa? Esas cuatro palabras siguen nadando en mis pensamientos. Para algunos, soy Andrea Mesa. Sin embargo, no soy la única Andrea. Es decir, si estuvieras en una habitación con todos en el mundo, quién sabe cuántas personas se voltearían si llamaras al nombre “Andrea Mesa”.
No se puede decir que soy una persona alegre o triste, honesta o mentirosa, buena o mala, inteligente o ignorante. Todo acerca de mí es una contradicción, pues no ha habido una ocasión en que se demuestre uno de estos atributos sin otra que demuestre todo lo contrario. Por cada cosa que se, hay infinitas cosas que no sé. Soy sensible, a veces olvidadiza y torpe, pero habrá muchas veces en las que he sido fuerte, tenido buena memoria y he sido capaz. Tengo dos manos con diez dedos que estoy usando para darle una voz a mi cabeza. También tengo una lengua y boca para decir todo lo que mi corazón me manda a decir. Tengo unos pies capaces de correr. Tengo unos oídos que escuchan las palabras más dulces y reconfortantes. No obstante, a veces mi corazón le manda a decir a mi boca las palabras incorrectas. A veces mi boca ignora las palabras correctas que le grita el corazón. A veces la pereza se apodera de mis pies y prefieren descansar. A veces mis oídos escuchan lo que no quiero escuchar. A veces mis manos desperdician el talento que tienen, y deciden usar los dedos para estar en el celular. He llegado a descubrir que soy una antítesis. Andrea es una antítesis, una contradicción.
Andrea es una persona a la que llevo conociendo todos estos años. Cada año me revela algo nuevo, cambia. En lo que ha sido mi vida yo soy la persona que busca la respuesta a la simple pregunta del comienzo. Soy la persona que junta las piezas del rompecabezas de mi identidad. Un rompecabezas en donde las piezas se unen para crear un espejo. Un espejo que refleja mi ser y mis pensamientos, ocultos detrás de una cortina que es mi piel y mi rostro. Mis huesos y mis venas. Mi imagen y yo. Soy la persona que nació, ha vivido, vivirá y cambiará desde aquel 17 de mayo de 2008 hasta el día en el que la respuesta para ¿Quién es Andrea? Se responda con “Andrea era” y no “Andrea es.” Cuando sea un recuerdo. Cuando eso pase, dejaré de existir, no creo en el infierno y el cielo, en la rencarnación o en la repetición de la vida. Mi ser es un concepto efímero que se va a borrar con el tiempo, que solo quedara una versión incompleta de mi en la mente de las personas que he conocido. Versiones variadas y hasta totalmente opuestas.

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