LA MANDARINA EN LA CANASTA DE FRUTAS
Luana Machado Santoyo es una canasta de frutas. Luana como ser humano es una mandarina. Dura de abrir, con capas que protegen la parte suave, con gajos de diferentes tamaños y sabores, con pepas grandes y pequeñas, algunos gajos con muchas de estas y otros con ninguna. El primer gajo de Luana es su gajo familiar y su faceta del hogar. En este gajo Luana se siente segura y cómoda, amada y atacada; es un lugar sin filtros, no hay espacio para las mentiras, su familia la ayuda a construir su mejor versión, también logra sacar su lado más vulnerable. Ellos logran abrir su cáscara y quitar las barreras hasta llegar a la parte suave e indefensa. La segunda faceta de Luana es el gajo de la amistad, es uno grande, muy grande, jugoso y dulce, ella lo protege y atesora con todo su ser; también, dentro de este gajo hay muchas semillas, demasiadas, al ser tocadas dejan una incómoda memoria agridulce y dolorosa dentro de ese gajo, las semillas son esas heridas pasadas creadas por batallas y ataques con sus amistades.
Hay un gajo tan pequeño que es casi imperceptible por las personas, tan cubierto y protegido que casi nadie logra acceder a él, son los sueños y preocupaciones de Luana, sus sueños más genuinos dejando de lado la ambición racional; ella amaría ser diseñadora de interiores, le encantaría tomar clases de fotografía y dibujo, quisiera dedicar su vida a escribir porque adora la magia de las palabras y el encanto de plasmar lo que siente en una hoja; Luana tiene miedo al fracaso, miedo a no entrar becada a una universidad, miedo a no ser lo suficientemente buena, miedo a decepcionar a su familia, miedo a no conseguir la vida con la que sueña.
El cerebro, la parte racional de Luana es una piña, potente, fuerte, segura, con espinas capaces de hacer daño pero que realmente solo existen con el propósito de protegerse a ella misma. Es la fruta predominante dentro de su organismo, Luana es un ser racional, todo lo (sobre)piensa una y mil veces; para Luana, la inteligencia es la clave del éxito y la mediocridad es el mayor de los pecados. Por eso, la piña de Luana es dura y firme y se dedica a intentar tomar las mejores decisiones, a dedicar su tiempo en intentar alcanzar el pico más alto de la montaña todos los días. Igual que una piña, Luana se protege detrás de una cáscara llena de espinas para evitar abrir su lado sentimental y blando, Luana decide dedicarse a hacer lo que sabe hacer. Aprender. Conocer. Estudiar. Tener claros sus objetivos, Luana sabe que quiere hacer con su vida, Luana tiene un plan para alcanzar esa perfección que tanto desea y adquirir su idea de éxito. Para bien o para mal, sería inhumano que Luana existiera solamente de su piña, como cualquier humano necesita su parte humana.
El corazón de Luana es una sandía, duro por fuera y relativamente suave por dentro. Hay muy pocas personas capaces de descifrar la manera para romper el caparazón de su sandía e ingresar a ella, además, las espinas de su piña protegen el interior de su sandía de absolutamente todo y todos. Por dentro, el corazón de Luana es humano, colorido y dulce, siempre intenta ayudar a los demás, le gusta ser una buena amiga, una buena hija, una buena estudiante. Está dispuesta a dar mucho si eso implica ver una sonrisa en la cara de sus seres más queridos. Dentro de la sandía de Luana hay varias semillas casi imperceptibles para el ojo del público, pueden parecer inofensivas, en realidad, contienen el sabor más amargo y doloroso de las heridas de Luana. Las semillas son antiguas y nuevas, tienen historia, contienen las memorias más dolorosas de Luana y recuerdos de los que intenta escapar y no puede; son demasiadas semillas, de diferentes tamaños, tonalidades y amarguras. Lo peor de todo, Luana no es capaz de sacar esas semillas de su sandía, están adheridas a ella, algunas son recuerdos lejanos de dolores pasados, otras son voluptuosas y diariamente atormentan a su piña con la sombra del recuerdo.
Luana Machado Santoyo

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