Ver(con)tigo
¿Qué acababa de pasar? Mi alma y mis pensamientos se nublaron. ¿Cómo era posible que algo así pasara? Después de tanto tiempo meditándolo, nunca pensé que en el día más inesperado se supiera mi secreto más profundo. La mañana en ese entonces era inefable, cálida, silenciosa e inclusive efímera. Según yo, creía que este panorama duraría hasta el final del día; y no fue así. Por mi parte, todo estaba confuso, tenía muchos sentimientos encontrados y el hecho de abrirme a los demás era abrumante. Mi elocuencia a duras penas me permitía relacionarme con otros adolescentes como yo; excepto con él. Todo cambió diametralmente desde esa mañana tan hermosa, hasta esa noche del viernes tan penosa. Pasé de ser de las niñas más tímidas hasta una de las más conocidas por aquella situación tan atroz que me dejó perpleja.
Casualmente, la misma situación terminó impactando mi rumbo, mi destino y el resto de mi fugaz y corta vida. Todo en mi alrededor me daba vueltas, la mirada nítida se convirtió en una mirada borrosa llena de consternación, que al mismo tiempo me producía una sensación en mis vísceras repleta de vacíos, incomodidad, desazón; he de admitir que evitar vomitar era meramente imposible, pues había una presión en todo mi pecho que me impedía respirar; se sentía un tornado de alimentos revueltos que no podían digerirse en mí sistema. Por alguna extraordinaria razón, tanto la saturación como el tono y el brillo de sus colores cálidos se desvanecía y originaba un hondo desierto en mí. Raramente, las sombras fugaces hacían del entorno un lugar más acogedor, pues era inevitable observar esos brillos miel que vuelven algo mágico el suceso y lo llevan al otro nivel de ser irresistible ante mis delicados, chillones y opacos luceros oscuros.
Es increíble pensar que todo al final tenía que ver contigo. No fue una sorpresa darme cuenta de que eres y siempre serás mi norte, mi sur y mi centro. Eres el trígono que me complementa, que me atormenta y que me revienta cada neurona por el deseo de atarte a mis brazos y a mi ser. Verte a cada momento me garantiza el amor que pudimos haber tenido. La historia que pudimos continuar y atenuar. El remordimiento me consume por haber querido empezar de nuevo y hacer todo diferente. De repente, todo pasó de ser una pequeña sensación hasta convertirse en un nudo apremiante con un sinfín de ansias de tu vasto ser, que al final solo me perseguían, me mareaban, me hacían chocar y me hacían merodear. Al parecer, ser humillada ante el amor de tu vida es frustrante, agobiante, vergonzoso; aún peor cuando el deseo explotaba mis intestinos haciéndome desvanecer y entorpecer.
¿Habría alguna posibilidad de que me conocieras de una forma más decente? Hoy, solo puedo afirmar que cualquier evento erróneo puede terminar en lazos de nuevas expectativas y oportunidades, donde el final es interminable y la continuación de aquella historia es infinita. Mi único anhelo solo es que mis descendientes entiendan que el amor es paralelo, diferente, confuso. Lleno de delirios, altibajos, intimidad, complicidad, engaño, alegría y repetición. Hay que perseguirlo, manejarlo, entenderlo y conocerlo. Afortunadamente, me gané la lotería y me enamoré de mis errores. Me enamoré de ti, pero, sobre todo, de lo errores que se cometen contigo.

Comentarios
Publicar un comentario