LA RESOCIALIZACIÓN, FUNDAMENTO DE LA PENA COMO OBJETIVO PRINCIPAL DEL SISTEMA PENITENCIARIO COLOMBIANO, UNA FALACIA



 La Resocialización, fundamento de la pena como objetivo principal del sistema penitenciario colombiano, una falacia. 

 

Sebastián Mesa Yomayusa 

 

¡Qué cosa más rara, nuestro castigo! No purifica al delincuente, no es una expiación: al contrario, envilece más que el propio delito. 

 Friedrich Nietzsche  

 

Actualmente, el hacinamiento de las cárceles colombianas, la reincidencia en los delitos y la degradación física, social y mental del ser humano constituye un reto para el gobierno que tiene como objetivo crear un sistema de resocialización que permita a los delincuentes tener una debida reinserción a la sociedad después de cumplir una condena. Lo que acontece hoy, es que el sistema vigente de resocialización presenta grandes falencias. Es por esto que, en el transcurso de este documento, se presentaran distintas estrategias y alternativas que puedan contribuir con dicho objetivo de reinserción. La sociedad colombiana en cabeza de su gobierno debe reflexionar sobre como encaminar todos sus esfuerzos en el desarrollo de un sistema de resocialización eficiente. 

 

El filósofo Friedrich Nietzsche, fue un crítico de la cultura Occidental. Sus reflexiones y puntos de vista sobre la pena y su función se basan en que el ser humano, desde la antigüedad ha sido reprimido de actuar bajo sus instintos naturales creado los preceptos de lo que es bueno y lo que no. Estos preceptos han sido fijados en la conciencia social hasta el día de hoy. Por tal razón, quien comete un acto que se considere como un mal comportamiento, debe aprender en base al castigo o hacer sufrir para enseñar. De aquí que, Nietzsche lo considera como una finalidad de prevención especial negativa. La ideología de Nietzsche planteaba que el castigo fue creado por los superiores que buscaban una satisfacción al ver a un deudor pagar con sufrimiento y castigos sangrientos después de haber cometido un acto considerado indebido. 

 

Según un informe estadístico del INPEC (Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario), hecho en septiembre de 2017, el 52.7% de la población reclusa a cargo del INPEC, participaba en tres modalidades de ocupación, así: 48,4% (44.985), trabajaban en los ámbitos industriales, artesanales, agropecuarios y servicios administrativos. Cabe recalcar que todas estas actividades eran llevadas a cabo dentro de los establecimientos de reclusión. El 49,7% (46.094), asistían más a programas educativos, que enfatizan en las bases fundamentales para su resocialización. Por último, el 1,8% (1.706) de los internos se desempeñan como instructores dentro de los diferentes establecimientos. De acuerdo con todos estos resultados y medidas, se creería que los patios de estos establecimientos no son ocupados por los presos, ya que todos deberían estar realizando sus respectivas actividades dentro de las aulas y diferentes espacios de trabajo. 

 

Cabe mencionar que la verdad es otra. Se menciona en un artículo sobre El sistema penitenciario y los derechos, desarrollado por el estudiante de la universidad Colegios de Colombia, Hugo Alejandro Ávila, que estos patios son poblados en su totalidad por presos que no están realizando actividad o trabajo alguno. Esto significa que la cantidad de presos que en realidad cumple con estas actividades es mínima, o nula. Debido a esto, los presos no aprenden a adaptarse a la sociedad de nuevo, no cuentan con la resocialización que se necesita y que deberían hacer estos establecimientos. Estos, al no tener ningún tipo de actividades lúdicas, se encuentran viviendo como si estuvieran en un patio común y corriente, con la única diferencia de que están detenidos por rejas y vigilados por policías. En cambio, se pueden ver frecuentemente riñas o peleas entre presos, se presenta violencia y maltrato, cosa que, en teoría, debería erradicar la cárcel 

 

Es común oír a personas mayores hablar de la analogía que dice “Las cárceles son la escuela del delito”. Está frase nos da mucho de qué hablar, ¿Es la cárcel en serio una “Escuela de delito”? La respuesta es sí. Como lo afirman los autores Carol Iván Abaunza Forero, Mónica Mendoza Molina, Giovanny Paredes Álvarez y Paola Bustos Benítez, en su artículo Sistema Penitenciario y Carcelario Colombiano, Las cárceles colombianas son bien descritas por esta frase, ya que, los negocios, crímenes y mercados ilegales alternos son muy comunes tanto fuera de las cárceles, como dentro de ellas. Esto significa, que, al castigar y condenar a estos criminales, los envían a un lugar en el que siguen cometiendo los delitos por los cuales fueron castigados en primer lugar. En estos mercados alternos, se negocian servicios y bienes de los presos. Además, la infraestructura y la calidad de vigilancia de las cárceles puede facilitar e incrementar este tipo de crímenes tras las rejas. 

 

Continuando con la analogía, se puede citar la frase célebre de Concepción Arenal, la cual dice: “Abrid escuelas y se cerraran cárceles.”. Está frase nos da a entender que un gobierno de un país que se preocupa por brindar e invertir en una buena educación para la sociedad, fortalecerá los valores, principios y ética moral que contribuyan a tener un país conformado por ciudadanos correctos y consientes de sus actos y posibles repercusiones. En caso contrario, la falta de educación promoverá el incremento de delitos relacionados con actos de corrupción y violencia, como el tráfico de drogas, armas, consumo de alcohol y comportamientos cargados de violencia. Aquí es donde es necesario la apertura de las cárceles con el fin de confinar a todos aquellos que cometen estos actos ilícitos y corregirlos. 

 

Por otro lado, se encuentra el tema de la salud mental de los presos, que, según el estudio “El riesgo suicida, desesperanza y la depresión”, realizado en la cárcel de Santa Rosa de Viterbo por Cesar Augusto, Diego Arturo Sáenz, y Cesar Armando Rey, revelo que el 39% de los presos se encuentran en alto riesgo de depresión, el 27,8% presenta depresión moderada y el 11,3% sufren de depresión grave. Este tipo de enfermedades mentales pueden llevar a los presos a autolesionarse o incluso cometer suicidios. Este tipo de comportamientos pueden ser fuertemente prevenidos por medio de programas, pero no existe uno que pueda ayudarles con la salud mental. El trabajo y apoyo psicológico por parte del sistema es fundamental y necesario, sin esto, los presos no estarán en las condiciones adecuadas para su rehabilitación. 

 

Otro ejemplo de lo que resocializar a los presos se trata, es a través de la desocialización. Está trata de impedir que la persona que realizó el delito se fortalezca en sus convicciones, hostilidad y relaciones con los otros delincuentes. Las penas deben de permitir al condenado socializar y pertenecer a una sociedad dentro de las cárceles, pertenecer y tener contacto con ambientes familiares en los que se sienta incluido y acogido. De no ser así, los presos podrían caer en depresión más fácilmente, ya que no tienen con quien socializar ni comunicarse. Del mismo modo, los presos se encuentran frecuentemente con sentimientos de impotencia al saber que no están permitidos a hacer ningún tipo de actividad o productividad que colabore en algo. Por estas razones deberían de existir programas resocializadores más fuertes y experimentados en las cárceles colombianas. 

 

La Corte Constitucional del estado colombiano advierte en la sentencia (T-153/98, 1998) que el hacinamiento es generador de violencia y corrupción, promoviendo la posibilidad del incremento de que se den tratos crueles, inhumanos e indignos, concluyendo que se sigue impactando la dignidad y los derechos humanos de los reclusos en Colombia. Al comparar nuestro sistema penitenciario con el de otros países, es evidente la falta de recursos para enfocarse en la rehabilitación más no en la venganza. Este es el caso exitoso del sistema penitenciario de Noruega, donde el costo de rehabilitación para una persona se acerca a los 120.000 dólares al año. En estos centros, los reclusos son tratados como personas a través de un método denominado “seguridad dinámica”, que permite interactuar realmente con los internos, hablarles y motivarles. 

 

Recapitulando, lo comentado nos indica que hay una conclusión casi indiscutible, la resocialización colombiana no es ejecutada de la manera que debería ser. Pero ¿qué soluciones se pueden encontrar para la mejoría de esa resocialización? Hablando de soluciones, se pueden implementar una serie de estrategias para el desarrollo de este elemento fundamental. Aquí se mencionarán solo algunos de los que se podrían desarrollar en Colombia, los cuales, si son bien estructurados, pensados y ejecutados, podrían mejorar de forma drástica el sistema carcelario en Colombia en cuestión de poco tiempo al darse por iniciadas estas transformaciones. 

 

En primer lugar, se podrían incentivar algunos procesos de capacitación a los condenados en ámbitos tecnológicos e industriales, de esta manera, incorporando metodologías y herramientas que estén relacionadas y acordes con el mercado laboral. Así, los presos continuarían trabajando en zonas de producción artesanal. Además, al dar a conocer a los privados de la libertad como se comporta el mercado en el mundo mientras que ellos cumplen su condena, los prepararía para una mejor reinserción en el sistema monetario y empresarial una vez salgan de la cárcel. Esto podría contribuir en gran parte al desarrollo de la resocialización, ya que, si se cumple con esto, los presos no tendrían mucha complejidad en ajustarse de nuevo a la sociedad. Ahora veamos, si se realiza un registro y contabilización de las horas dedicadas en estas actividades, el condenado podría obtener beneficios en la disminución o redención de su pena. 

 

Para finalizar, se puede decir que la resocialización a los presos en Colombia no está cumpliendo su objetivo principal de apoyar a los delincuentes para una reinserción sana a la comunidad una vez cumplan su tiempo de condena. Se puede ver como en Colombia, los delincuentes que entran a prisión para cumplir con un castigo y ser corregidos. Mas no se trata tan sólo de cometer los mismos crímenes que hacían antes de ser encarcelados, sino que salen cometiendo delitos nuevos y Por otro lado, se demuestran y sugieren estrategias que pueden ser utilizadas e implementadas para mejorar este sistema, tales como el registro de horarios laborales y la promoción de procesos de capacitación en ámbito tecnológico e industrial para los presos. Las cárceles colombianas permanecerán bajo el sobrenombre de escuelas del delito hasta que se tome una acción real para cambiarlo 

 

 

Bibliografia: 

 

 

  • ABAUNZA FORERO, C.I., MENDONZA MOLINA, M., PAREDES ÁLVAREZ, G., and BUSTOS BENÍTEZ, P. Sistema Penitenciario y Carcelario Colombiano –spcc–. In: Familia y privación de la libertad en Colombia. Bogotá: Editorial Universidad del Rosario, Instituto Rosarista de Acción Social – SERES, 2016, pp. 22-55. ISBN 978-958-738-736-0,  http://doi.org/10.12804/se9789587387360 

 

 

 

 

 

 

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