LAS TRAMPAS DE LA POBREZA

 

[Imagen]. (2016). Recuperado de: 
https://www.semana.com/economia/articulo/pobreza-infantil-en-colombia-y-el-mundo-y-sus-problemas-/217851/


LAS TRAMPAS DE LA POBREZA 

“La pobreza en sí no es uno de los destinos  

inevitables de la humanidad, es simplemente  

uno de los frutos de nuestra ignorancia.” 

Yuval Noah Harari 

 

      La imagen es frecuente en Colombia, tiene como escenario el asfalto, un terreno baldío, un semáforo o cualquier rincón inadvertido en zonas rurales y urbanas, donde unos pies descalzos o desprovistos de la suficiente protección, muestran una pequeña parte del problema de la pobreza de los niños y niñas en nuestro país.  Este álbum de imágenes recurrentes que evidencian la pobreza como dinámica constante de nuestra sociedad, es un permanente llamado a diversas respuestas que pasa por diferentes gamas de colores, desde los tonos más radicales y oscuros, hasta los más claros y reconciliadores. En este espectro de colores, dicha respuesta se puede centrar en la total indiferencia, en la manipulación de intereses, en la herencia social, en el objeto de la caridad, en la persistente desigualdad, en el propósito político, en la causa económica; las respuestas son múltiples pero la invitación es una sola, definir la pobreza del siglo XXI en Colombia como el descubrimiento de una cultura que requiere estructurarse en busca del progreso de nuestra sociedad.  

 

“La cultura de la pobreza tiende a crecer y a desarrollarse en sociedades que presenten desempleo, bajos salarios, poca organización social, política y económica, y la existencia de un sistema de valores que ponga énfasis en la acumulación de riquezas y propiedades”. Según Óscar Lewis la cultura o subcultura de la pobreza se define como una respuesta de las personas pobres a permanecer en la impotencia y marginalidad, dicha respuesta tiende a pasar de generación en generación. La población infantil se encuentra limitada física, mental y psicológicamente para aprovechar las oportunidades de progreso que se presenten a lo largo de su vida. 

 

Entender la pobreza infantil como un eje de transformación de nuestra sociedad dista del significado que se atribuye a este problema: un producto cultural que determina un tipo de realidad que crea diferencias, establece estratos sociales y justifica relaciones de desigualdad. Padres y madres pobres y analfabetas tendrán hijos en las mismas condiciones, el impacto de esta situación en estas familias se asocia a una situación de vida donde hay carencia de artículos materiales, salud, educación e incluso se ven afectadas las relaciones sociales y afectivas. Pensar en este resultado cultural como eje de proyección y cambio propone irrumpir con el ciclo vicioso en el que los niños y niñas desnutridos y sin educación pasan a engrosar las filas de la siguiente generación de pobres. 

 

En la obra “Antropología de la Pobreza” de Óscar Lewis, historiador y antropólogo norteamericano, el autor analiza el concepto de pobreza en América Latina e indica que los sujetos son los responsables de la situación de pobreza, y como cultura, esta pertenece al grupo humano que la reproduce. El concepto es usado por políticos, académicos, religiosos, estudiantes y el común de las personas; y se ha ido derivando en una comprensión simple y única, como un conjunto de fenómenos: aleatorio, cualquier persona puede ser objeto de esta condición; individual, le ocurre a una persona o un grupo definido de personas; principalmente económico, se considera que se debe a la ausencia de dinero y geográficamente localizado, se identifican lugares y zonas específicas donde el problema es agudo. Esta visión ha llevado a que los programas de intervención generalmente terminen asistiendo temporalmente algunas necesidades o se centran en atenuar las manifestaciones visibles de la pobreza y no en las causas que las producen y reproducen.  

 

Un informe reciente de la Organización de Naciones Unidas (ONU, año 2021) indica que la inseguridad alimentaria (entendida como carencia de acceso a alimentación nutritiva para un crecimiento y desarrollo normal, una vida activa y saludable), afecta hoy a 200 millones de personas en el mundo, y el número crecerá debido a la guerra en Ucrania, el clima y las crisis económicas. Nuestro país se encuentra incluido en estas cifras que menciona la ONU, Colombia está dentro de aquellos países que pueden estar afectados por una crisis alimentaria, la crisis migratoria y de desplazados, la falta de lluvias en ciertas regiones, la inestabilidad política y social, el impacto económico de la pandemia COVID 19 y la inseguridad. Estos factores acá mencionados pueden generar más hambre en nuestro país, el hambre entendida como el resultado de estas crisis y como una de las formas que ejemplifican con claridad el impacto de la pobreza.  

El contraste en nuestra sociedad entre abundancia de alimento en muchos lugares y absoluta carencia en otros dejan al descubierto el problema de la pobreza en una de sus áreas más sensibles como es la alimentación. El hambre afecta la productividad de las personas, el crecimiento de las naciones y el desarrollo de la sociedad. Los niveles de desnutrición infantil son una alarma para el planeta, el hambre en los niños se acentúa con las guerras, el alto costo de los alimentos, la ausencia de sistemas de agua potable, los desplazamientos, la inestabilidad política y el cambio climático. 

En el estudio de la Organización de Naciones Unidas (ONU) acerca de las necesidades humanitarias en el 2022, se estima que 7,3 millones de colombianos precisarán asistencia alimentaria este año. Así mismo menciona que panorama previo mostraba algunos datos sobre la misma variable, donde se encontró que hasta julio de 2021 había 1,1 millones de migrantes venezolanos en el país en situación de inseguridad alimentaria. Las situaciones acá referidas dejan expuesta la relación directa entre hambre y pobreza, como también se deja expuesto entre estadísticas y cálculos la posible aparición temporal de una nueva intensión y posible intervención para la mitigación parcial del problema. 

Aunque no se trata de medir longitudes ni cuantificar datos exactos cuando nos referimos al término pobreza si podemos argumentar que hay distancias considerables entre las realidades de los niños y niñas de nuestro país, comprender el porqué de dicha distancia, sus reales orígenes, las formas que ha tomado a través del tiempo y entender por qué esa distancia se amplía cada vez más es una tarea válida y que puede permitirnos ingresar en las entrañas del problema.   

Si traducimos esa tarea, algunas preguntas que podríamos hacernos se plantean a continuación: ¿Cuál sería el origen de la ausencia de agua potable? o ¿por qué un alto porcentaje de los niños y niñas pobres del país no tendrán la certeza de qué van a desayunar el siguiente día?, ¿por qué recibir subsidios y planes de manutención gratuitos podría convertirse en un hábito destructor?, ¿qué hace que algunas de estas pequeñas personas con infancia pobre hayan surgido en su manera de pensar? No obstante, el progreso de la sociedad colombiana en el siglo XXI tiende a alejarse de este estado de comprensión, la sociedad acumula sinnúmero de conocimientos nuevos, olvidando adquirir uno de los más importantes que es estudiar al hombre y la mujer, y aún más, estudiarlo en su infancia, buscando patrones que sean susceptibles de cambio y representen modificaciones del futuro.  

Por otra parte, se han planteado soluciones relacionadas con la cooperación mutua entre países, la cual está planteada por economistas de renombre mundial quienes establecen “una estrategia de ayuda de países con economías desarrolladas dirigido hacia países pobres”. La cooperación entre instituciones demuestra cómo se puede avanzar desde la idea de progreso hasta las grandes empresas, como por ejemplo se hace desde actividades en las aulas universitarias. La cooperación de los vecinos del barrio para mejorar alguna condición que afecte el bienestar comunitario puede representar un avance en la convivencia, como el cuidado en la recolección de basuras o el arreglo de parques y vías. La cooperación entre los integrantes de una familia motiva y encamina un propósito individual y común, como el apoyo en el estudio y el trabajo. Resulta que esta cooperación en diferentes ámbitos como los aquí descritos parece diluirse en la sociedad colombiana, “la pobreza infantil es mucho más que un problema de ingresos afecta múltiples dimensiones de la realidad humana y no alcanza con que el Estado marque la pauta de posibles soluciones”. 

 

El autor Jorge Gissi en Notas sobre la cultura de la pobreza en América Latina, evalúa que los caminos para la cooperación pueden resultar ser parte del problema y no de la solución, y desde allí debemos encaminar el objetivo individual y comunitario, “darle una ruta a esa mentalidad social que cambia de significado ideológico cuando el poder cambia de manos”. En otras palabras, la pobreza infantil se debe pensar en conjunto, como sociedad y no como un grupo de actores involucrados con intereses propios y sin ningún tipo de articulación o proyección del propósito real, que va dirigido a la modificación de la manera de pensar la pobreza como una constante social que se construye sin parar y se fortalece. 

 

Por su complejidad no se espera una solución rápida al problema planteado en estas palabras que recorren un laberinto en el que se puede caer en las trampas naturales de la pobreza y también caer en aquellas que la misma sociedad ha construido, trampas artificiales que hacen más lento el camino por recorrer y aún más cuando se trata de la población infantil. Según la argentina Gala Díaz Langou, magíster en políticas públicas, una trampa artificial es creer que si hay crecimiento económico es probable que la pobreza desaparezca cuando los argumentos de los especialistas en el tema demuestran que en países como Colombia es más probable que el problema no cambie o disminuya marginalmente. 

 

Teniendo en cuenta el punto de vista desde la teoría de la demanda, según expertos del Banco de la República, se argumenta que “un aumento en el crecimiento económico conlleva una disminución de la pobreza en el largo plazo vía aumentos en el empleo”. Aunque este postulado muestra una solución al problema de la pobreza, el Banco Mundial menciona que el crecimiento económico debe llevar consigo elementos primordiales como: el apoyo en el desarrollo y nutrición en la primera infancia, el acceso universal a la educación de calidad, la cobertura universal de salud, la tributación progresiva y el aporte a la infraestructura rural. El aumento del crecimiento económico puede ayudar a reducir la desigualdad de ingresos y algunas de las medidas mencionadas pueden generar beneficios en forma gradual, pero ninguna es una solución milagrosa.  

 

Gran cantidad de niños y niñas de Colombia ocupan un desafortunado lugar dentro de la inmensa masa de personas pobres que viven en nuestro territorio, en definitiva, esa infancia se encuentra en un presente que se muestra como el único horizonte irremediable de su existir. Desde este punto de partida se requiere inquietud acerca de este presente y sus posibilidades de modificación que impliquen un cambio en la historia y aún más, un cambio en la sociedad. Por ende, esa historia que construimos cada día es el producto del vivir humano en conjunto, existe un presente histórico con la posibilidad de dar el alcance social a las realidades de los niños pobres que impacte positivamente el pensamiento y obrar en comunidad. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Referencias: 

 

  • Téllez, F. (2015). Pequeño tratado del libre pensador. 

 

 

 

 

Juan Felipe Cárdenas Riveros

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