FRAGMENTO DE UN CUADRADO
Fragmento de un Cuadrado
Desde el día en que nací hasta hoy, no he parado de cambiar. De hecho, mi entorno ha cambiado junto a mí y yo junto a él. Por ejemplo, un triángulo se formó en mi vida gracias a la pandemia del COVID. Antes de que pasara, cuando paso, y ahora, cuando ya está menos presente. Cada uno de estos momentos fue un lado y ángulo de mi triangulo. Este fue un triángulo escaleno sin ángulos rectos. Cada momento fue drásticamente diferente e hizo que me tuviera que adaptar. Esto me hizo preguntarme ¿Cómo son los triángulos de mi vida?
Cada ángulo de un triángulo funciona como símbolo. Los cambios más drásticos e ingenuos son los ángulos obtusos. Aquellos que no son planeados con detenimiento y de forma espontánea. En caso de no atreverse a hacer un cambio de este tipo, se crea un ángulo agudo, un ángulo mucho más planeado y definido. Cabe resaltar que siempre, sin excepción, un triángulo tendrá un ángulo, un cambio. La línea recta nunca continua para siempre, aunque puede continuar tanto como quiera, tarde o temprano habrá ese ángulo que cambie la rutina y redirija el camino.
El obtuso es el que solo tiene ganas de aparentar más grande que los demás, de salirse de lo cotidiano para que aparente algo magnifico. Siendo el ángulo más grande, es el más centrado en sí mismo y no en su alrededor y en sus metas. Mientras tanto, el agudo sabe exactamente qué cambio tiene que hacer para generar el mayor impacto posible. Un ángulo obtuso puede verse más confiado, pero al final del día, el ángulo agudo es el que va a cortar y darse paso por el mundo. Sin embargo, al ser el más afilado, este también puede dañar y ser el más intimidante.
Un ángulo recto busca no sobresalir. Trata de mezclarse entre las demás personas. No logra cortar, pero tampoco es tan ingenuo como el obtuso, al que solo le importan los riesgos y las apariencias, sin considerar las repercusiones. En un intento de seguir con nuestra rutina, hacemos cambios de 90 grados. Tratamos, sin éxito, de construir un cuadrado, de conservar una rutina perfectamente simétrica y ordenada. De no sobresalir y ser como los demás. Nos creemos diferentes a los triángulos y pensamos tontamente que la vida se puede dar en 4 ángulos rectos. Sin embargo, las circunstancias de la vida se aseguran de que nada sea constante, de que cada día sea una historia diferente a la que se escribió el anterior. De que solo pueda existir un ángulo recto en nuestras experiencias. Nuestra vida jamás podrá ser un cuadrado, solo será un fragmento de este. De lo que pudo haber sido. No obstante, el hecho de que no podamos ser un cuadrado nos permite sorprendernos. No podría vivir una vida cuadrada, en donde todos los días, lo que hago, lo que digo y lo que pienso está calculado con anticipación.
Ahora bien, hay más que se puede decir acerca de los triángulos. En la imagen tratamos de replicar nuestras experiencias pasadas con estos, una y otra vez. Cada triangulo es un intento de volver a sentir lo que ya sentimos. Pero es imposible. Lo que ya hicimos nunca se podrá replicar de manera exacta. Cada nuevo intento es una versión alterada de lo que hicimos anteriormente. Menos emocionante, menos alegre, menos impactante. Simplemente diferente.
“Esto nunca se repetirá.” Solemos pensar esto en nuestros momentos más alocados, aquellos que se salen de la rutina y la desconfiguran, ignorando que esto es cierto en cada momento de nuestras vidas. Diferentes personas, diferentes sitios, diferentes conversaciones.
Por otro lado, vemos como se crean experiencias dentro de un mismo triangulo. Todos los días estamos construyendo nuevo sentido dentro de una experiencia ya existente. El colegio es uno de esos triángulos principales. Dentro de este se encuentran los estudios, extracurriculares, después los amigos, el recreo, el timbre, el salón, el escritorio, la maleta, la cartuchera y el lápiz. La música, el deporte, el arte, el teatro, la oratoria, el ajedrez, la poesía: estas son todas experiencias que se pueden construir dentro de una más grande. Todas estas nos llevan a tener lo que realmente nos define como personas. Nuestra identidad.
¿Qué es eso que me diferencia de todos los demás? Al fin y al cabo, uso el mismo uniforme que mis compañeros, hablamos el mismo idioma, asistimos a la misma institución educativa, aprendemos de los mismos libros, salones y profesores y sufrimos de las mismas gripas cada mes.
Todos los aspectos mencionados son esos triángulos principales, esos con los que todos empezamos a dibujar con la tinta de nuestra vida. A medida que dibujamos triángulos dentro de estos, tomamos diferentes caminos. Unos de mis compañeros decidirán tomarse un Dolex cuando tienen estas gripas ya mencionadas, otros se conforman con un agua de panela. Algunos crearan su propio lenguaje dentro del idioma que todos usamos, el cual solo podrá ser entendido por un grupo selecto de personas. Al final, cuando estamos en el centro del triángulo, dibujamos varios pequeños triángulos como estos, hasta que ese espacio se convierte en un manchón de tinta en el cual no es posible diferenciar los triángulos individualmente. Hay partes de mi vida que nunca serán visibles para los demás. A pesar de no ser visibles, son los que nos dan profundidad en la imagen, creando nuestra identidad y diferenciándonos dentro de nuestro entorno de triángulos.
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