DE PRINCESA SOÑADORA A ADOLESCENTE ENAMORADA
«En efecto, el amor continúa representando este sueño ancestral de fusión alimentada por la idealización imaginaria de un otro soñado a la medida de nuestras propias carencias. Sin embargo, hoy todos y todas somos mutantes en el amor.»
Florence Thomas
La primera infancia de una niña suele ser vista como un momento lleno de magia y sueños, ser la princesa de la casa y soñar con encontrar a su príncipe azul. Sin embargo, cabe preguntarse cuáles son los factores que moldean este tipo de infancia. Hay dos directamente asociados, el constante consumo de películas de princesas de Disney y el amor brindado por la figura paterna, que la hace sentir como una princesa. De esta manera, se puede afirmar que, durante la primera infancia, las niñas crecen recibiendo el amor "ideal" de papá y consumiendo las películas de princesas de Disney, factores que se confrontan al momento de establecer una relación afectiva durante la adolescencia. En este sentido, se explorarán y entenderán las etapas del desarrollo, la forma de actuar de los adolescentes, además de la conexión entre lo vivido en la primera infancia y lo que se vivirá en la adultez y adolescencia.
Para iniciar esta reflexión, es necesario acudir a conceptos forjados en el campo del psicoanálisis planteado por Sigmund Freud y los campos de la psicología y la psiquiatría, con la ayuda de autores como Carl Gustav Jung y Eric Erickson. Con esto en mente, el objetivo del presente ensayo es evidenciar cómo el amor del padre que se recibe en la infancia junto con la idea del amor romántico (que venden las películas de las princesas de Disney) afecta a las adolescentes a la hora de establecer relaciones afectivas. Esto gracias a que las niñas crecieron con una idea desdibujada e idealizada del amor, y la unión de ambos factores tiene un peso sustancial en la idea del amor romántico con la cual la niña crece y la forma en la que construirá sus relaciones.
Cuando se habla de amor romántico, hay varias perspectivas a tener cuenta. No obstante, para el propósito de este ensayo, se entenderá el amor romántico de acuerdo con el trabajo de tesis de comunicación social y lenguaje de María José Oliveros Payares (2019) en la Pontificia Universidad Javeriana titulado Deconstrucción del amor romántico,
“El amor romántico, el cual es el objeto de estudio, tiene usualmente una connotación patriarcal, basado en la diferencia de poder, en el sentimiento de estar incompleto si no se está con esa pareja, en la aceptación de situaciones tóxicas, etc. Asimismo, el amor romántico que busca estabilidad a largo plazo es un concepto que en su interpretación y sentir están influenciados por la cultura e industrias culturales del momento, pues los productos culturales han tenido como gran tema el amor de pareja romántico.” (Oliveros, 2019, p. 36)
De igual manera, se entenderá dicho concepto desde la teoría de Carl Gustav Jung, médico psiquiatra, psicólogo y ensayista suizo. De acuerdo con un artículo del Samurai Occidental (2018) donde retoman las ideas de Jung, el entiende este amor como uno completamente narcisista, debido a que, al enamorarse románticamente de una persona, se identifican las características idealizadas a partir del criterio propio sobre una mujer o un hombre perfecto, opuestos a la realidad. Con ambas ideas en mente, se puede comprender el amor romántico como aquel donde enamorarse implica dos cosas: primero, la búsqueda de una pareja con cualidades y conductas de acuerdo con la percepción propia de la perfección y, segundo, considerar que la felicidad absoluta está en esa pareja y que se está incompleto sin esa persona.
Otro punto a tener en cuenta es analizar el modelo presentado en las películas de las princesas tradicionales, Aurora (La Bella Durmiente) y Bella (La Bella y La Bestia), para entender como el contenido de estas películas influencia la percepción del amor romántico en adolescentes. En primer lugar, Aurora, más conocida como La Bella Durmiente, tiene lugar en la Inglaterra del siglo XVI. Ella es la viva representación de la belleza estereotípica que Disney incluye en sus películas, ella debe ser perfecta, debe permanecer mansa durante su adolescencia para evitar pincharse y luego, esperar a que su príncipe llegue a salvarla y así salvar el reino por medio del amor. Por su parte, Bella, de La Bella y La Bestia, está ambientada en Francia del siglo XVIII. Ella se sacrifica para salvar la vida de su padre, siendo secuestrada por la Bestia, y a partir de ese sacrificio surge el amor entre ella y su secuestrador. (Martín, 2016.)
Ahora bien, se debe entender de dónde se origina este esquema con el cual se basan las películas de dichas princesas. De acuerdo con Robert Buchholz (2017), historiador y profesor de historia en Loyola University Chicago, al ambientarlas en los siglos XVI y XVIII, se remontan a cuando en Europa occidental las monarquías y dinastías estaban reinstaurando su control y autoridad sobre las sociedades. Por ese motivo, realizaban alianzas entre las diferentes familias con varios objetivos en mente. El primero, usar estos matrimonios como estrategias para perdonar las diferencias entre diferentes países. El segundo, para generar alianzas que brindaran protección y poder. El tercero, intentar expandir los territorios e incrementar el prestigio de la familia y del mandato. Es por esto que, el contexto histórico donde están ambientadas las películas de las princesas tradicionales de Disney les da vía libre para construir un escenario que alimenta la idea desdibujada del amor romántico e influencian su perspectiva para quienes consumen estas películas.
De acuerdo con Ainoa Espejo (2019), grafóloga y coach de relaciones, esto da paso para el escenario que crea Disney, en el que el príncipe llega y salva a la princesa, la cual es representada de manera sumisa, débil e inocente. Igualmente, se pueden evidenciar las características físicas y de personalidad de las princesas influenciadas por los estereotipos de belleza y pureza: una nariz respingada y sonrisa encantadora; etiqueta y glamour impecables; una mujer soñadora pero dependiente de un hombre, quien consciente o inconscientemente esperó toda la vida la llegada de su príncipe para ser salvada y alcanzar el punto máximo de realización en la vida: encontrar su historia de amor romántico perfecto. (Panea, A. 2019)
Según el trabajo de tesis de Marian Blanco Ruiz (2018) en la Universidad Carlos III de Madrid titulado Percepción del amor romántico en adolescentes y papel de los medios de comunicación, se puede afirmar que los medios de comunicación son transmisores culturales. De esta manera, son capaces de influenciar la organización sentimental de la sociedad al fomentar un modelo de amor romántico mágico e ideal (como lo hacen las películas de princesas de Disney.) Además, dichos medios son considerados configuradores socioculturales del amor, por ende, al estar expuesto a ellos, es inevitable evadir la influencia en las relaciones y vínculos que se establecen.
En contraposición a lo mencionado anteriormente, se puede cuestionar ¿hasta qué punto el contenido fantástico de las películas de princesas de Disney nubla la percepción del amor romántico. Según Bruno Bettelheim, psicoanalista y psicólogo austriaco, en su libro Psicoanálisis de los cuentos de hadas (1994, p.10.)
“Para poder dominar los problemas psicológicos del crecimiento —superar las frustraciones narcisistas, los conflictos edípicos, las rivalidades fraternas; renunciar a las dependencias de la infancia; obtener un sentimiento de identidad y de autovaloración, y un sentido de obligación moral—, el niño necesita comprender lo que está ocurriendo en su yo consciente y enfrentarse, también, con lo que sucede en su inconsciente. Puede adquirir esta comprensión, y con ella la capacidad de luchar, no a través de la comprensión racional de la naturaleza y contenido de su inconsciente, sino ordenando de nuevo y fantaseando sobre los elementos significativos de la historia, en respuesta a las pulsiones inconscientes. Al hacer esto, el niño adapta el contenido inconsciente a las fantasías conscientes, que le permiten, entonces, tratar con este contenido. En este sentido, los cuentos de hadas tienen un valor inestimable, puesto que ofrecen a la imaginación del niño nuevas dimensiones a las que le sería imposible llegar por sí solo.”
A partir de esto, se puede entender la relevancia del contenido fantástico de amor romántico en las películas de princesas de Disney, como una herramienta de aproximación y anticipación respecto a lo que se puede llegar a vivir en una relación amorosa. Esta fantasía le ayuda a las niñas en su primera infancia a sentir y pensar que se puede tener un amor sano y bonito, de esta manera, estar preparadas para vivirlo y experimentarlo.
Esta última postura, ha sido defendida por un estudio de la profesora y psicóloga de desarrollo de la Universidad Brigham Young, Sarah Coyne (2016). En dicho estudio, Coyne entiende la naturalidad y normalidad de la presencia de la cultura de princesas dentro de la infancia de las niñas, ya que estas ofrecen elementos sobre la feminidad y las relaciones, que ayudan a su formación de su rol de mujer en la sociedad. Asimismo, Coyne entiende los efectos positivos de la cultura de Disney en la humanidad, por medio de los valores que estas películas reflejan: princesas que siguen sus sueños, la solidaridad, la amabilidad, luchar por defender lo que creen correcto y la importancia de no reprimir las emociones. (López, A. 2021.)
Por otra parte, la importancia del amor paterno ha sido señalada por diferentes autores. En primer lugar, de acuerdo con un artículo publicado en el periódico El País (2016), se pueden retomar las palabras del físico alemán Albert Einstein.
“El referente no es la mejor forma de influir, es la única forma de influir, lo que supone que sea lógico pensar que, sometidos a un modelo de víctimas y verdugos, eso es lo que sabrán o necesitarán hacer. Quizá junto a otras variables tendremos una víctima o tendremos un verdugo.”
Así como la teoría del complejo de Electra resaltada en 1912 por Carl Gustav Jung, De acuerdo con el mismo artículo de El País (2016), esta teoría reconoce que la gran mayoría de las niñas llegan a tener una atracción afectiva hacia su figura paterna en su primera infancia, convirtiendo a la figura paterna en “el primer amor” y el referente masculino para las futuras relaciones amorosas de la niña. Teniendo en cuenta ambas ideas, se puede comprender como el ser humano funciona y actúa por imitación y de acuerdo con el ejemplo que lo rodea. Dicho esto, se pueden entender ambas posibilidades: el ideal, donde la niña crece con un padre presente, quien la ama y respeta, o, la de una niña que crece con un padre ausente o autoritario, quien puede llegar a tratarla con violencia e irrespeto.
De acuerdo con Psico.mx, web líder en el campo de la psicología, conformada por un comité de expertos profesionales en el sector, en el primer escenario, la niña crece con un padre presente que cuida de ella y constantemente le brinda amor. Este es el primer amor masculino que recibe, el padre la respeta, la cuida (hasta puede llegar a ser sobreprotector), donde la niña es su todo y constantemente le brinda el amor más puro y genuino. Debido a esto, la niña crece llena de admiración y respeto hacia su padre, él es su todo, desde su perspectiva, ella recibe el amor perfecto por parte del hombre perfecto. Al ser este el primer vinculo amoroso que la niña crea, imagina (inconscientemente) que todos van a ser así; que cuando se enamore y establezca una relación de pareja todos van a ser igual de perfectos que la figura de papá. En el escenario opuesto, si se crece con un padre ausente, autoritario, castigador o maltratador, la tendencia indica que esas mujeres tienen más probabilidad a construir relaciones disfuncionales.
Ahora bien, ¿En qué momento realmente se ama a alguien? Para comprender esto, se pueden analizar las etapas del desarrollo, de acuerdo a los ocho estadíos propuestos por Eric Erikson, psicólogo y psicoanalista alemán. Según la Revista Lasallista de Investigación (2005), en estos ocho estadíos se puede entender la evolución del ser humano respecto a las diferentes crisis y relaciones significativas que hay en cada etapa. Por ejemplo, en el segundo estadío (de los 2 a 3 años), el muscular-anal, entra en conflicto el deseo de ser autónomos con el sentimiento de la duda a la hora de tomar riesgos; la relación social que se prioriza es la de los padres. Asimismo, en el cuarto, la etapa de latencia (6 a 12 años), la crisis se encuentra por ser esta la edad de inicio de la educación formal, por esta razón, hay inadaptación y un sentimiento de inferioridad. El objeto del amor que se encuentra en esta etapa son los amigos del colegio o del vecindario.
Eventualmente, de los 12 a 20 años, se vive el quinto estadío: la pubertad o adolescencia. Durante esta etapa se entra en la crisis del “yo” debido al proceso de crecimiento, maduración y búsqueda de la identidad. Durante este estadío los modelos de liderazgo y los amigos continúan siendo las relaciones sociales significativas, no obstante, una nueva es introducida: las primeras relaciones afectivas. En este momento es cuando se empieza a experimentar ese primer amor romántico, esos primeros vínculos afectivos con alguien más allá de la familia o amigos, sin embargo, es importante preguntar si este amor es realmente genuino o solo se confunde con la idealización del amor romántico.
De aquí que se pueda empezar a comprender las fases del enamoramiento en la adolescencia. Según María Campo Martínez, pedagoga y diplomada en magisterio de educación infantil, las mariposas en el estómago representan el enamoramiento. La primera señal es la atracción física, las ganas de conocerse, seguidas de los nervios a todo lo relacionado con aquella otra persona, la pérdida del apetito y la necesidad de estar conectado al celular para comunicarse con la otra persona. Durante la adolescencia las relaciones tienden a durar únicamente la etapa del enamoramiento y no perduran ni evolucionan para llegar a una relación más madura. Estas relaciones de adolescencia son erróneamente confundidas con la idea del amor romántico y con la búsqueda constante de la media naranja.
Siguiendo lo anterior, se puede entender el amor en la adolescencia desde la perspectiva del psicoanalista austriaco Sigmund Freud y el escritor francés Gustave Flaubert. En primer lugar, de acuerdo con el trabajo de Bernard y Medina (2018), Freud plantea que el amor adolescente es narcisista e infantil, por su parte, Flaubert define el amor en el adolescente como un evento sorpresivo y extraño, consecuencia del despertar de un sueño que cobra un sentido y muestra que hay un deseo nuevo del objeto de amor (o relación social significativa según Erikson).
Adicionalmente, Flaubert muestra esta etapa como el deseo de instaurar relaciones afectivas similares a las del modelo adulto (ser como un grande), sin embargo, el adolescente aún no está preparado para instaurar este tipo de relaciones. Según esto, se puede afirmar, como los sentimientos, conductas y pensamientos en las relaciones amorosas durante la adolescencia se caracterizan por ser pasionales, intensos y volátiles. En ellos prima la fantasía y la admiración hacia el otro (enamoramiento) en lugar de crear un vínculo de intimidad y confianza (relación madura.)
A manera de cierre, las películas de princesas de Disney únicamente muestran la parte de una relación donde todo es ideal y de ensueño. En la vida real, esto solo se encuentra en la primera etapa de una relación afectiva: el enamoramiento, implicando que el amor idílico no puede durar eternamente. No se puede vivir en una historia (en un amor) de princesas por siempre, eventualmente, la verdadera estructura de la relación va a surgir de acuerdo al modelo de la experiencia de casa. No obstante, esto no se entiende con claridad en la adolescencia, se quisiera vivir eternamente en el enamoramiento, en ese romance idílico y mágico que se ve en dichas películas. Durante esta etapa, muy pocos entienden que las relaciones se transforman, que el enamoramiento no perdura por siempre y que la verdadera influencia en el mecanismo de una relación viene desde el ejemplo que se vio en el hogar, y en el caso de las mujeres, está influenciado principalmente por cómo se vivió el vínculo afectivo con su figura paterna durante su primera infancia.
Luana Machado Santoyo
Referencias:
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